El neoliberalismo digital y sus plataformas

 

El capitalismo ha sabido mantener una postura flexible ante los cambios que ha presenciado. La capacidad de transformación con la que cuenta este sistema político, económico y social ante cualquier cambio, es parte fundamental de su estructura y permanencia, por lo que, el poder del capital ha sabido irrumpir brutalmente en las estructuras políticas y por su puesto, la digital no es la excepción.

 

En el campo de la digitalización, el capital ha sabido estructurarse dentro de la utopía que representaba la red, de esta manera, se crearon negocios lucrativos dentro de un esquema que pretendía estar fuera del negocio de las grandes corporaciones, en cambio, terminó creando sus propios monstruos tecnológicos capitalistas, las “Big Tech”.

 

Estas grandes tecnológicas, a su vez, crearon plataformas digitales que se convirtieron en soluciones de distintos giros comerciales que abarcan desde el transporte (Uber, Didi, Beat) hasta entrega de comida (Rapi, Uber eats), sin embargo, el principal fin de dichas plataformas radica en la recolección de datos personales de los usuarios, mismos que abarcan sus hábitos de consumo y gustos, hasta la manera y lugares por los que el usuario se mueve o transporta.

 

Sin duda, las plataformas son la opción que el capitalismo ha seleccionado para la explotación de los servicios en la web. A pesar del surgimiento de intentos por cambiar los paradigmas económicos y productivos, la materia prima principal de la nueva economía digital son los datos.

 

Las plataformas necesariamente deben de transitar por la red virtual y la red física, es decir, que estas “starup” (como se definen a sí mismas) aprovechan millones de dólares en inversiones para generar un negocio que requiere una mucho menor inversión y que recaba ganancias en grandes cantidades, generando así grandes nuevos conglomerados de negocios virtuales, que en definitiva se puede decir que sub arrendan servicios físicos que otros producen o trabajan, tal es el caso de Uber, que utiliza la propiedad y trabajo de un individuo y la plataforma solamente ofrece el servicio que el usuario requiere.

 

Además de la tercerización del trabajo y servicios, como ya lo habíamos comentado, las plataformas utilizan las redes e infraestructura de los operadores de telecomunicaciones sin pagar o invertir en el crecimiento de las mismas, pero es curioso que los usuarios de las plataformas y servicios web contratan los servicios de los operadores según la eficiencia y calidad de su conexión, para de esta manera, utilizar los servicios ofrecidos por las plataformas, por lo que las plataformas de distinto giro (Netflix, Facebook, Google), al saber de el gusto de los usuarios por sus servicios y contenidos y con los datos ya obtenidos de los usuarios, están al tanto de que sería muy complicado un conflicto entre ellos y los operadores por el pago del uso de la red e infraestructura de telecomunicaciones.

 

La conectividad y la cobertura se han convertido en una necesidad territorial y ciudadana, pero también es fundamental para el alcance de las plataformas entre un mayor número de usuarios y potenciales clientes de los servicios y productos que estas ofrecen.

 

Es innegable que el acortar la brecha digital entre poblaciones y ciudadanos ayuda a recortar la brecha de desigualdad, esta es en definitiva una tesis probada, pero tampoco es la solución absoluta de la situación que se vive. Si bien es cierto que el mantener a la población desconectada es un gran negocio, ya que esto da paso a que la televisión de paga obtenga un mayor numero de suscriptores, también es verdad que, la conectividad ofrece ventajas que igualan oportunidades educativas, de salud y económicas, pero también le da a las grandes plataformas el acceso a un mercado inexplorado y el encarecimiento de servicios comerciales con los que ya se contaba anterior a la llegada de dichas plataformas, lo anterior nos demuestra que de cierta forma, la sociedad actual se encuentra en medio de los intereses corporativos tecnológicos y mediáticos.

 

La evolución tecnológica que actualmente vivimos, se ha convertido también en una lucha económica e ideológica. Esta confrontación que mantienen China y Estados Unidos por la hegemonía de los adelantos tecnológicos en el planeta, es aprovechada por las Big Tech y las grandes plataformas digitales, que no se disputan más que el mercado y bajo esta premisa, es que aumentan la recabación de su principal materia prima, que son los datos. Esta minería digital de datos, se ha convertido en “oro binario” para las plataformas, producto que puede ser vendido al mejor postor a los precios más altos del mercado.

 

Con el surgimiento de la digitalización, el trabajo y la producción han tenido una violenta transformación, pero no es algo desconocido por la historia, de tal manera que la recomposición del trabajo con la aparición de nuevas tecnologías, se ha dado de manera paulatina, pero siempre feroz. Podemos poner de ejemplo el trabajo fordista, con las líneas de producción y con ello, la desaparición de ciertos oficios en las fabricas, es decir que, con la desaparición de ciertos puestos de trabajo aparecen nuevos. En el caso de la digitalización no cambia el modelo de desaparición y creación de nuevos puestos de trabajo en las fuentes de empleo, lo que si cambia es el tiempo y la velocidad con la que se dan los cambios, así como, la precarización laboral que el neoliberalismo pretende al momento de desvalorizar el trabajo humano al suplantarlo con maquinas digitalizadas y la red.

 

La intención del neoliberalismo en la era digital, es la misma que siempre ha tenido: la reducción de costos laborales, el achicamiento del mismo estado por medio de la regulación de los mercados y la competencia corporativa, pero, sobre todo, que la sociedad se reduzca a un mero nicho consumista, con la excusa de generar mejores condiciones económicas para la macroeconomía, idea que sale de los grandes foros económicos y del Fondo Monetario Internacional.

 

Sin duda, es irreversible la digitalización del mundo; sin embargo, la discusión debe de pasar a buscar el mejor mecanismo de hacerlo y aprovechar el uso de la evolución tecnológica a favor de la sociedad misma. Se trata de evolucionar juntos: tecnología y sociedad, ya que, de otra forma, nos encontraremos varados en un mundo de desigualdad globalizada y perpetua.

 

Israel Quiñones - @IsraelQDigital

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