Soberanía en tecnologías de la información

 

Las tecnologías digitales se han convertido en uno de los sectores más dinámicos del desarrollo económico. Las TIC´s le han robado a las fuerzas del merado su anterior capacidad para crear dinamismo. Esto ha generado en nuestro país una disputa por su control en los ámbitos económico, político y jurídico. El desaseo con el que se condujo esta disputa en el país en los últimos años permitió que la lucha por dominar este mercado se haya convertido en un factor de atraso mas que uno de desarrollo. La llegada del nuevo gobierno permite abrazar la esperanza de un cambio que incentive esa dinámica que contienen las tecnologías digitales y permita el despliegue de las nuevas tecnologías para usufructo de los mexicanos.

 

El cambio de discurso da una buena señal. El gobierno entrante ha dicho que tiene el propósito de no modificar la reforma en telecomunicaciones, pero si reforzarla; el objetivo es ampliar la cobertura y disminuir la preponderancia para llevar servicios a todos los mexicanos y digitalizar al gobierno. No sabemos hasta el momento con caridad si lo que se está pensando incluye evitar la separación funcional de Telmex, hasta ahora determinada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).

 

Por lo pronto, lo que se dice es que el mercado de telecomunicaciones y radiodifusión hay que evaluarlo como un ecosistema formado por redes y contenidos y que se debe aprovechar la banda ancha para llevar contenidos sociales, educativos y económicos que impulsen las actividades productivas de las personas; esto es, aprovechar la tecnología para el desarrollo. Pensar en usar internet para participar en el compromiso de la sociedad civil es un gran avance, frente la idea que predominó estos años de que el internet es una economía de la atención y que para ganar dinero en la red hay que hacer que mantengamos los ojos pegados a la pantalla. Para el nuevo gobierno integrar en la red contenidos sociales, parte de la concepción de que de nada servirá una supercarretera como la que proporciona la banda ancha, si sólo se utiliza para el acceso a redes sociales o contenidos de entretenimiento.

 

El nuevo gobierno quiere darle continuidad a la reforma estructural y, al tiempo, impulsar la red compartida y utilizar todo lo que se tiene de infraestructura para digitalizar el gobierno; para ello, propone incentivar inversiones sociales por medio de lo ellos llaman capital semilla, para que las empresas sociales puedan desplegar redes en comunidades alejadas y conectar a todo el país. Agregan que estas inversiones también le serán de utilidad a Telmex y Telcel, pues ya no cargarán con todo el esfuerzo de conectar a México. La red compartida, desde esta perspectiva, no se plantea como un negocio, como de hecho lo está ahora, sino como concesiones sociales y con una inversión de bajo retorno. El que el Estado intervenga en políticas públicas que apoyen el proceso de inclusión digital en todo el país, es un cambio importante.

 

Hasta el momento, dentro la estructura gubernamental, a las TIC´s le han dado el carácter de subsecretaría que dependerá de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Se está planteando convertirla en secretaría con todo lo que ello significa, pero en un ambiente de austeridad republicana no sabemos si se logre. Por tanto, es posible que se de un conflicto de poderes entre secretaría y subsecretaría, dado el dinamismo del sector y la velocidad con la que están cambiando las tecnologías de la información y comunicación.

 

México llega a este momento de cambio con retaso. Perdimos años preciosos con peleas judiciales, en contemplar el mundo dominado por la televisión, en considerar que la competencia eliminaría o al menos reduciría el monopolio y que sería el vehículo idóneo para hacer que llegaran a todas partes los efectos benéficos del capitalismo, particularmente en el sector de las telecomunicaciones. Se malgastó tiempo en crear Organos Constitucionales Autónomos para evitar decisiones políticas en un sector técnico e incentivar la competencia, pero las mismas leyes y actitudes políticas lo limitaron y lo secuestraron.

 

Empero, el mayor error ha sido analizar superficialmente la dinámica tecnológica y pensar que si se plantea una competencia sana ésta se mantendrá. Finalmente, para impulsar la competencia, se siguió la versión europea de regular al preponderante castigándolo de más hasta llegar a la desintegración, como lo es separación funcional de Telmex y dejar sobre la mesa la alternativa de la separación estructural. Todo esto llevó a una disputa por el mercado sin una visión social y a ver sólo un mercado de alta rentabilidad sin considerar la mutación que la acompaña. Mientras esto sucedía, el mundo de las telecomunicaciones cambió y, a pesar de ello, se agudizaron las medidas restrictivas como si un hubiera pasado nada.

 

Mientas en nuestro país discutíamos sobre si era bueno o malo el monopolio de Telmex y cómo castigarlo para “hacer más equitativo el mercado”, las tecnologías en el mundo cambiaron y dejaron en el atraso la nueva ley. La interconexión integral apareció vinculando todo ser, cosa y lugar atrapando la existencia social. El llamado teléfono inteligente, en tanto objeto globalizado, contiene una continuidad de uso en el espacio-tiempo y, junto con otros dispositivos, permiten el acceso a una infinidad de servicios. La OTT la quitaron una parte importante del mercado a la radio y la televisión, las redes sociales asumieron un papel mediático lo que le quitó poder a los tradicionales medios masivos de comunicación.

 

Mucho del tráfico por internet esta generado por robots electrónicos autónomos para gestionar por si mismos un número heterogéneo de situaciones y grandes masas de datos para explotarlos, principalmente en virtud de algoritmos complejos. Eric Sadin nos habla de la existencia de un régimen binario que entremezcla sin cesar acciones humanas y electrónicas. Este acoplamiento humano maquina ha inducido mutaciones de gran amplitud en la información, localización de personas, intensificación de intercambios y una infinidad de servicios a gran velocidad e instantaneidad. Paul Virilio ya nos había dicho que por esa situación nos estamos enfrentándonos a un nuevo fenómeno: la pérdida de orientación.

 

Esta pérdida en una sociedad constantemente conectada y simultánea, no se puede superar con la alfabetización digital o apelando a la responsabilidad en el uso de la información que circula en las redes. La capacidad para utilizar con responsabilidad la tecnología, la habilidad para comprender cómo utilizarla y el saber cómo comunicarse a través de ella, no es suficiente ante el cúmulo de información que circula en las redes de banda ancha en tiempo real. Douglas Rushkoff califica esta situación como esquizofrenia digital lo que la llama digifenia, es decir, el estado de desorientación cuando intentamos procesar al mismo tiempo las actualizaciones de tuiter y la lectura de un periódico. La obsesión de estar al día nos lleva a querer estar en todo y en nada.

 

En el siglo pasado hubo momentos en que el futuro digital parecía estar abierto a crear una situación más inclusiva, distributiva y favorable a ser humano; sin embargo, ahora los valores digitales entraron en el mercado de futuros. El objetico del desarrollo tecnológico dejo de ser parte de la prosperidad colectiva. El mundo digital se convirtió en una corporación. Las plataformas tecnológicas están ampliando la explotación y las nuevas tecnologías que traen automatización nos dejan menos empleo y precario. Los dispositivos que usamos se fabrican utilizando mano de obra muy barata y los metales raros que se utilizan para su fabricación destruyen los hábitats humanos. La ley de telecomunicaciones se desarrolló para acabar con los monopolios, bueno pues ahora nos encontramos con otros monopolios globales, las plataformas tecnológicas, que reciclan el concepto de explotación social al máximo y de extracción de recursos naturales.

 

El nuevo gobierno está centrando sus esfuerzos en la agenda digital que permita conectar a más mexicanos y que reciban más contenidos, lo cual insistimos es aplaudible; empero, también es importante señalar que lo esta haciendo en un mundo dominado por las plataformas tecnológicas. Las redes digitales están integradas mundialmente y los bienes digitales transitan libremente a través de las fronteras con lo que han tejido formas novedosas de integración económica y cultural. Nuestro país forma parte de ese tejido, pero lo hace de manera subordinada en tanto que carecemos de políticas de soberanía digital. Invertir en recopilar grandes cantidades de datos a menudo gratuitamente, es una fuente de enriquecimiento de las plataformas tecnológicas. Nos encanta tener correo electrónico gratuito, pero eso tiene sus costos.

 

Es difícil que un sólo país tenga capacidad de desarrollar los niveles necesarios de respuesta para mantener y/o recuperar la soberanía digital-tecnológica en algunas áreas, y por eso es imprescindible la suma de voluntades —gobiernos, academia, movimientos sociales, trabajadores— para poder negociar en temas básicos como inteligencia artificial y el big data. Tenemos que ponernos al día en lo que respecta a la inteligencia artificial, para diseñar plataformas que evadan los filtros de las grandes corporaciones. Facebook gestiona más de 300 millones de gigabytes en información personal de sus usuarios, un arsenal de perfiles que le permite disponer de una de las plataformas on line más importante del mundo, indispensable para beneficiarse de modelos de negocio que amplían consumidores y diversifican mercados al calor del incremento productivo de los robots y la automatización industrial.

 

El mundo cambia constantemente al ritmo de las tecnologías y pareciera que no estamos preparados para enfrentar el reto que nos están planteado la plataforma tecnológicas, las que tienen bien definidas sus tácticas y estratégias. Hoy debemos estar atentos a la transnacionaliación del mundo digital y no seguir peleandonos por acabar con los monopolios nacionales, en la búsqueda de una competencia sana. Estamos peleando guerras que ya no existen, cuando el campo de batalla está en Internet, en el Big Data, en los algoritmos, en la inteligencia artificial, en el internet de las cosas.

 

Se insiste en al necesidad del cambio, pero no se buscan soluciones específicas alternatibvas a este modelo hegemónico. Hoy el mundo digital puede convertirse en una vía para la reconexión del nuevo gobierno.  con sus bases, y en particular con los jóvenes, que es como decir con el futuro,  pero no se ha avanzado en una agenda digital común, pero tampoco en temas estratégicos para el futuro de la soberanía en tecnologías de la información.

 

Eduardo Torres - @etarroyo

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