Ante su crisis, retorna el Estado en Estados Unidos

Opinión

AGOSTO 10, 2026
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Ante su crisis, retorna el Estado en Estados Unidos
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Eduardo Torres Arroyo 

Lo que muchos esperábamos y deseábamos finalmente está pasando, el neoliberalismo parece agotado. Lo que veníamos reclamando de una mayor intervención de Estado en la economía está sucediendo. Lo que conocimos en el neoliberalismo como la dictadura del mercado, se ha transformado en poco tiempo después de la crisis de 2008 y de la pandemia del COVID-19. Los gobiernos tuvieron que intervenir para salvar a los bancos, lo mismo tuvo que suceder para evitar la multiplicación de las muertes por pandemia.  Algo similar está pasando ahora mismo entre Japón y EUA, donde el mercado financiero no ha podido por sí solo solucionar el problema del yen y de la deuda japonesa y el gobierno de los Estados Unidos ha tenido que intervenir para, a su vez, salvar al dólar y no complicar más su deuda.

 

Estos fenómenos obligaron a dejar atrás la idea monetarista de que el mercado solucionaría todo. El mercado libre dejó de existir como solución. Siguiendo los pasos de China, tanto Estados Unidos como Europa empezaron a cambiar su estrategia hacia un modelo de Estado no sólo vigilante, sino claramente intervencionista, un neoestatismo o el retorno del Estado como quieran llamarle.  Un Estado que no es propietario como si fue en el Estado capitalista. Tampoco deja que el mercado defina las áreas de mayor acumulación como serían energía y nuevas tecnologías. No es la primera vez que hablamos de este tema en tanto que Mariana Mazzucato ha hablado, entre varias cosas, de que al Estado le correspondía intervenir para solucionar los problemas del mercado. Ahora vemos que es una estrategia que han adoptado los países desarrollados, principalmente Estados Unidos.

 

La globalización neoliberal significó un mundo sin fronteras, sin política social, sin historia. El triunfo definitivo del mercado, como lo anunció Fukuyama, nunca fue. El Estado no debería organizar ningún sector productivo y sí disminuir al máximo su objetivo social, en tanto que el mercado lo solucionaría todo. Sin embargo, después de la crisis inmobiliaria y financiera del 2008 y de la pandemia del COVID en 2019; después de que se hizo visible la crisis climática o cuando sucedió la toma del capitolio de EUA por una turba trumpista de ultraderecha y sobre todo cuando aparece el miedo a China y al fantasma de comunismo, el mercado autorregulado empieza a ser poco útil para el capital y se decide dar un paso atrás. Estados Unidos empezó a ensayar un nuevo modelo donde el Estado usa todo su poder económico y político para dirigir a los sectores económico, político y tecnológico en busca de la acumulación y del crecimiento económico.

 

Ahora vemos a Trump como cabeza de este proyecto neoestatista, pero esto lo iniciaron también los demócratas Barak Obama y Joe Biden, es decir, es un proyecto de país no de partidos o de presidentes en particular. Lo que varía son las forma con la que se pretende alcanzar. Estamos hablando de una hegemonía diferente a la practicada durante el neoliberalismo globalizador. Para los neoliberales la intervención solo se justificaba como medida de emergencia para garantizar la continuidad, en espera del regreso de la normalidad del mercado. Ahora es evidente de que no hay forma de regresar a esa normalidad. Siempre hemos visto que el capitalismo financia a los políticos a cambio de políticas a su favor, hoy lo que vemos es que eso no les suficiente y apropian del Estado mismo. 

 

El socialismo tipo chino marcó la pauta en el mundo. Las predicciones de que China colapsaría nunca fueron ciertas. Ahora el capitalismo deja atrás al mercado y quiere utilizar al estatismo como un sustituto al neoliberalismo. Estamos pues ante una nueva era, la cual aún no la podemos ubicar en su totalidad. Kondatriev fue muy preciso al hablar de ciclos económicos incluso ideológicos donde se suceden picos que luego bajan para dar paso a un nuevo ciclo. El neoliberalismo surgió de la desaparición de la URSS, de la caída del muro de Berlín, del socialismo realmente existente y se convirtió en el pensamiento único tanto para la derecha como para la izquierda. Hoy las crisis financieras, de salud y ecológicas dan paso al regreso de intervencionismo del Estado en el siglo XXI. Thomas Piketty documentó la necesidad de ese camino por el descontento de la gente dado por el malestar económico por la acumulación desorbitada, por la pobreza extrema y por el estancamiento económico. La pandemia del COVID-19 parece que puso el último clavo en el ataúd. Crisis paralelas de finanzas y reproducción social.

 

No podemos dejar de considerar que este retorno del Estado y de la política industrial en el capitalismo desarrollado principalmente Estados Unidos se da junto con sus formas más brutales incluida la guerra ya sin máscaras. Los monstros del entre reino del que hablaba Gramsci está presente. Lo que se llamó la Pax Americana, el sueño estadunidense, deja el paso al macartismo al interior de Estados Unidos y a la Doctrina Donroe (Donald+Monroe) en el hemisferio occidental y en el mundo el uso coercitivo de impuestos aduanales (aranceles) que obliga a invertir en EUA, el intervencionismo político y militar y un manejo faccioso de los medios de comunicación. Algunos analistas describieron, desde principio del actual siglo, que el libre mercado era una mentira contada para dominar a los países subdesarrollados. Pues bien, esa fantasía se les revirtió y parió a China, le dio vida a Rusia y a los BRICS. El expansionismo en busca de mejores utilidades y del robar la productividad del trabajo mundial se les ha revertido y tienen que mostrar su verdadera cara.

 

La derecha y la extrema derecha lideran el retorno del Estado ante el mercado porque la izquierda no ha sabido capturar el deseo de cambio o ha subestimado al enemigo. En América latina sobran esos casos donde la derecha combina mercado y nacionalismo para proteger el interés del capital. Los países como Argentina o Colombia o Ecuador que permiten un discurso contra el Estado, en realidad ocultan su dependencia por su intervención y por los servicios que presta. Las excepciones son México y Brasil que no se engañan ante la verdadera cara del enemigo y, gracias ello, están planteándose un proyecto de país, darnos una idea de futuro, crear lazos entre los representantes y los representados, una cultura de Estado como motor del desarrollo.

 

Asistimos, pues, a la mutación de las formas estatales y el cómo quiere gobernarse el capitalismo desarrollado ante su propia crisis. Esto está colocando a las fuerzas políticas de izquierda y a los sindicatos en una posición de coyuntura favorable. Gracias a la China socialista los países del Sur Global podemos hablar cada vez más sobre socialismo y panificación centralizada como alternativa democrática al mercado, de un Estado social. Hoy podemos agregar que también hay que hablar de planificación digitalizada.

 

Nuestras derechas y algunas izquierdas hasta los ultras de ambos lados, están confundidos por ese nuevo orden y siguen pensando y actuando como si no sucediera. Siguen buscando soluciones de mercado para influir en políticas públicas. Lo vemos cuando critican la fractura hidráulica, no ven una decisión soberana que busca no depender de Estados Unidos, lo vemos en lo que ellos llaman el narcoestado que sólo se puede superar con la intervención estadunidense. Cuando ya no es posible buscan reestablecer las políticas del estado débil neoliberal que funcionó desde el salinismo hasta el peñanietismo. Están alterados y angustiados por el regreso del estado social y aceptan el neoproteccionismo estadunidense para contrarrestar a China y al Sur Global. En eso estamos, mientras que para la izquierda de la 4T se abre una posibilidad de corregir no solo los fallos del mercado, sino también la creación de un valor público.

 

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