“Ecos de la Resistencia: la larga batalla de los telefonistas en México” 50 años de lucha
Sindicalismo
Una crónica de Israel Quiñones
Supongo que el mes de abril de 1976, en la Ciudad de México cuando aún la llamaban Distrito Federal, era algo distinto. Dudo que fuera tan caluroso como lo es hoy. Es imposible imaginar el clima templado, pero agradable. Quizá por eso, no era tan complicado que una muchedumbre de jóvenes trabajadores sindicalizados de Teléfonos de México se encontrara arremolinada en el parque frente a la sede de su sindicato, esperando el momento justo para tomarlo, para hacerlo realmente de ellos.
Ya les habían dicho que la negociación contractual de ese año se había completado. No estaban conformes con el resultado pues la dirigencia sindical habría firmado sin consultarles. Lo habrían hecho a sus espaldas. A Salustio Salgado no le importaba demasiado la opinión de la mayoría, pues el apoyo del gobierno de ese entonces estaba de su lado, y como dicen: “Si Dios contigo, ¿quién contra ti?”
Estas experiencias para un gremio como el de los telefonistas no era cosa nueva. Desde la llegada del teléfono a nuestro país en 1882, el comportamiento de los patrones y capital de origen extranjero han mostrado desprecio por la clase trabajadora. Vale la pena mencionar las grandes movilizaciones de los trabajadores del sector entre 1935 y 1939, durante la presidencia de Lázaro Cárdenas, además gracias al apoyo de un revolucionario como el General Francisco J. Múgica al frente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, se logró entender que el servicio telefónico era primordial para el desarrollo social de México.
En 1948, se fusionan las empresas Ericsson y la Telefónica Mexicana. Esto impulsó el nacimiento de Teléfonos de México, S.A. lo que causó un enfrentamiento entre los sindicatos existentes. El Sindicato Nacional de Telefonistas (Sinatel) tendría una vocación más progresista y de inmediato contaría con un mayor número de afiliaciones, esto porque, al existir múltiples compañías telefónicas regionales, también existían un número similar de pequeños sindicatos, de hecho, en algún momento de 1922, el Sinatel formaría parte de la CGT, una confederación sindical de tendencia anarquista y que emprendería fuertes confrontaciones con los gobiernos posrevolucionarios, especialmente con el caudillo Álvaro Obregón.
La movilización de la clase trabajadora en México ha sido sumamente despreciada y hasta en invisibilizada en los libros de historia. Si tenemos en cuenta que las huelgas de Río Blanco, en el estado de Veracruz y Cananea, con los mineros en el estado de Sonora en 1907, dieron impulso al movimiento revolucionario de 1910 seremos conscientes de que las grandes transformaciones políticas, sociales y económicas de nuestro país no se dieron a partir de un razonamiento burgués en alguna hacienda de Coahuila. Más bien, se trataba de la acumulación del descontento de los trabajadores anarquistas por los elevados abusos de los dueños del capital. Por ello, la influencia ideológica de los Hermanos Flores Magón empujó a los trabajadores a emplazar huelgas y con ello, mostrar que la vía de la lucha armada era una posibilidad real ante las malas condiciones que vivían.
Para 1944, durante el conflicto armando de la segunda Guerra Mundial, los telefonistas en medio de una complicada revisión contractual exigían mejores condiciones laborales y salariales. De este modo, se aplicaría por primera vez el modelo de “requisa”, mismo que sería impuesto por Manuel Avila Camacho. Esto fue con la intención de eliminar la posibilidad de que los trabajadores usaran su máxima herramienta política y jurídica: la huelga. Fue la primera ocasión que la requisa se usaba. Era un modelo antisindical, represor y anticonstitucional, que nacía con la excusa de que el país se encontraba inmerso en un conflicto bélico.
Para abril de 1950, se consolidaría el contrato que la Secretaría de Comunicaciones firma o con Teléfonos de México, adquiriendo también a la Telefónica y Telegráfica Mexicana. Esto querría decir también a los trabajadores de esta serían parte del nuevo consorcio que abriría la puerta a la modernidad en las telecomunicaciones en México.
Los trabajadores de Mextel también contaban con un sindicato de similares proporciones a los de Sinatel, por lo que, se darían serias y arduas discusiones para lograr entenderse. El 1° de agosto de 1950 quedaría conformado el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana. La masificación de este gremio fue como un galimatías político. No todos los trabajadores contaban con la misma experiencia política o similitudes en su conciencia de clase. Algunos ya habían experimentado las huelgas y otros se encontraban más cómodos del lado de la patronal, por lo que construir un proyecto sindical hegemónico no sería una tarea sencilla, tampoco se daría de la noche a la mañana.
El primer secretario general de la organización fue Fernando Raúl Murrieta. Le tocó representar al
Gremio en medio de la falta de cohesión y organización de los trabajadores. No había una integración real entre los telefonistas, tampoco había mucho interés por la vida política sindical.
Además, el naciente STRM se enfrentaría a una empresa mucho más organizada y con una clara visión de crecimiento y expansión, por lo que irremediablemente tuvieron retrocesos en las conquistas que cada sindicato había conseguido. Aunado a lo anterior, el período al frente del sindicato, era de tan solo dos años.
En 1958, nace el Movimiento Restaurador de la Democracia en el STRM, encabezado por Pedro García Zendejas contra Jorge Ayala. El movimiento Restaurador ganaría la Secretaría General con amplia ventaja. Esta no sería la única insurgencia sindical entre 1958 y 1959, destacaría el movimiento de los ferrocarrileros y electricistas encabezado por Demetrio Vallejo. Ciertamente, se trató de una crisis política, los trabajadores se dieron por enterados de su poder y capacidad de enfrentar diversas condiciones que estaban afectando de forma profunda los incrementos salariales y la mejora de sus condiciones laborales.
Para el 16 de agosto de 1972, el gobierno de Luis Echeverría adquiría la mayoría del capital de Teléfonos de México. La empresa pasaría a ser paraestatal y, obviamente, la relación con el sindicato cambiaría completamente. Después de que este abandonara la CTM y al frente de la organización se encontrara Salustio Salgado Guzmán, emanado de un golpe al movimiento restaurador y también de que los trabajadores sufrieran retrocesos en sus conquistas, así como en su patrimonio sindical con la venta indebida de un terreno de la cooperativa del Sinatel, por parte de un amigo de Salgado, Sánchez Torres, quien le abriría la puerta a Salgado para que se hiciera con poder autoritario en la organización.
Los años sesenta llegaron con una serie de cambios profundos. Aunque el poder enquistado en las cúpulas no quisieron admitirlo, la realidad es que en la base de la sociedad se comenzaba a reconstruir con un pensamiento social más crítico. La juventud de esos años había sido seriamente reprimida. No habían pasado tres años de la matanza en Tlatelolco, cuando ya se había perpetrado una nueva represión en el llamado jueves de Corpus en junio de 1971. Pareciera que el delito era ser joven y querer transformar la realidad en la que no se veía un futuro promisorio.
Sin duda, podemos observar un despertar social, una nueva manera de ver el mundo y su realidad. No quedarse inmóvil era la cuestión. De esta forma, los jóvenes que comenzaban a formar parte del ambiente laboral se convertirían en herederos directos del 68 y con ello, de una nueva idea acerca del sindicalismo, que venía de protagonizar y librar luchas históricas. Es impensable no apuntar la sombra que emanaba de la figura de Vallejo y la declaración de Guadalajara, o de las hazañas de los trabajadores ferrocarrileros. Todo indicaba que era turno del gremio telefonista.
En diciembre de 1975 se dio una firma de convenios departamentales. Las cosas no funcionaron para los trabajadores tal y como ellos hubieran deseado, por lo que un movimiento de insurgencia se dio al interior de la especialidad de centrales mantenimiento.
Para abril de 1976 las cosas no estaban de acuerdo con las prestaciones y necesidades de la base. La mañana del 22 de abril se corría el fuerte rumor de que la revisión de contrato ya se había firmado. Esto, a pesar de que los trabajadores presionaron al comité ejecutivo de realizar una movilización y compartir la información en todos los centros de trabajo. Según como avanzarán las negociaciones, esta propuesta no se tomó en cuenta de parte del CEN.
Los rumores sobre una firma del contrato sin consultar a los trabajadores se despejaron a eso del medio día. Las primeras en mostrar su inconformidad fueron las operadoras, por lo que comenzaron a correr la voz a nivel nacional de que se realizaría un gran paro de labores en la empresa. El Departamento de Tráfico (lugar de trabajo de las operadoras), se convirtió en la columna vertebral de este movimiento. Desconocieron a sus representantes por entreguistas, además, realizaron la labor de comunicar a todas las secciones lo que estaba ocurriendo y por qué tomaban dichas determinaciones.
Esa misma tarde noche del 22 de abril, un grupo de dos mil trabajadores tomaría el recinto sindical ubicado en la calle de Villalongín 50. Eran los mismos jóvenes que estaban parapetados frente al edificio del sindicato, en el jardín del arte, en la colonia Cuauhtémoc del entonces D.F. Se encontraban rodeados por elementos de la fuerza pública, los mismos que, para no evidenciar el tumulto y el desorden, los empujaron dentro del sindicato, según narra Carlos Green. La multitud había crecido a pensar de los intentos del personal de confianza por evitar que los telefonistas se acercaran al recinto sindical.
Era obvio que la empresa tenía “agentes” infiltrados en las filas de los sindicalistas que estaban defendiendo sus intereses a capa y espada. Sin embargo, la gran movilización de los jóvenes trabajadores fue imparable, además de contar con la astucia de las operadoras que se mantenían en contacto con trabajadoras de todo el país desde los edificios de San Juan, en la capital del país. Uno de los trabajadores que formó parte de la toma del edificio sindical fue Francisco Hernández Juárez, del departamento de Centrales Mantenimiento, un acto solidario con las operadoras, quienes, como ya mencionamos, fueron las primeras en inconformarse.
La mañana del 23 de abril se confirmó que los trabajadores, las bases, eran los interesados en tomar en sus manos las riendas de esa negociación. Se daban por enterados de que el problema radicaba en la estructura sindical y los intereses que ciertos representantes compartían con la empresa y las autoridades laborales de entonces, encabezadas por Carlos Gálvez Betancourt. Este último decidió no recibir a una comisión de 60 trabajadores nombrados por la asamblea para representar a las bases. Gálvez fue responsable de que aquel movimiento insurgente se radicalizara, pues afirmó que no negociaría con “ilegales”.
La movilización nacional fue inesperada para todos. Cuando el grupo de delegados no fue recibido por el secretario de trabajo, fueron citados en la Secretaría de Gobernación. A dicha cita no asistieron todos, sólo se presentó un joven de barba crecida, cerrada y cabello largo, de nombre Francisco Hernández Juárez “Cuando me recibió el subsecretario Gutiérrez Barrios de gobernación, me preguntó sobre lo que queríamos los trabajadores de Teléfonos… le comenté las demandas de los trabajadores y él me dijo que estaba bien, pero que, en todo caso, debían participar más de dos planillas, por lo que regresé al sindicato y la asamblea ya estaba a punto de terminar; le hice saber a las mesa de los debates que tenía información sobre la reunión en gobernación y me dieron la palabra, ahí los compañeros me dieron su confianza y me designaron para seguir trayendo información”.
Hernández Juárez fue seleccionado por sus compañeros para ser su representante. Cuando estaban a punto de votar esta decisión, el titular de la mesa de los debates colocó su nombre al principio de la lista de los candidatos a encabezar el sindicato.
Parece que este momento es clave para que Francisco Hernández Juárez se convirtiera en el secretario general interino. Las operadoras le brindaron su apoyo. Se culminó con una gran movilización y se retomaron las negociaciones con la empresa.
Se convirtió en un camino arduo, tal como lo marcan las notas periodísticas de ese tiempo. Los periódicos oficialistas atacaban con furia al joven dirigente a su Comité, al mismo tiempo que se fraguaba una disidencia al interior, conformada por trabajadores con una visión más radical y al mismo tiempo de trabajadores a favor de la empresa. Una especie de gafes que iban y traían la postura del gobierno y la empresa. Recordemos que en ese entonces Teléfonos de México era una paraestatal y no tenía cierta importancia para el Estado.
Hernández Juárez consolidó su estadía en la secretaría general, reconstruyó e institucionalizó este encargo al igual que la estructura sindical. Las decisiones a no solamente eran tomadas por la asamblea de la sección matriz, tal como se venía haciendo, sino que, las asambleas eran por centro de trabajo, tanto en la capital como en las secciones foráneas. Además, se conformó una convención nacional, con representantes de todo el país en el mes de septiembre. De esta forma dicha convención sería el máximo órgano de gobierno sindical, donde el consenso lo era todo. La intención era planificar la agenda sindical durante el año a seguir.
Estas fueron las palabras que Francisco Hernández Juárez pronunció en la apertura de la primera convención ordinaria y democrática de los telefonistas, en septiembre de 1976.
Honorable Primera Convención Nacional Democrática.
Compañeros delegados convencionistas:
Me complace desde esta tribuna saludar y dar la bienvenida a mis compañeros de clase y de ideal: trabajar y luchar por el respeto y defensa de nuestras legítimas conquistas sindicales.
Es así que, cumpliendo con el inciso Ñ) del Artículo 60 de nuestros estatutos, declaro inaugurada esta Primera Convención Nacional Democrática de Telefonistas.
La gran significación de esta convención nacional, reside fundamentalmente en que aquí culmina y simultáneamente se inicia un proceso de la vida de nuestro sindicato. Muchas decisiones trascendentales han de precisarse en esta reunión y muchas incógnitas han de develarse cuando esta jornada de trabajo llegue a su fin.
En esa medida, estas primeras palabras con las que se inaugura la convención, deben apartarse del simple discurso formal y tratar de hacer un análisis global de los acontecimientos que durante tres meses a partir de nuestro inolvidable triunfo del 22 de abril, han mantenido en efervescencia la vida sindical de los telefonistas.
Por todos es conocido que el comité ejecutivo que encabeza Salgado Guzmán, se fue paulatinamente despreocupado por los problemas de los trabajadores; mientras que, inversamente crecía su interés en entender sus proyectos personales. Obviamente, esta situación réproba no duraría mucho tiempo y la respuesta se hizo manifiesta en el movimiento que juntos realizamos hace tres meses y que encontrara su apoyo total en el referéndum de mayo, donde el comité democrático pasaría a ser el auténtico representante de 22 mil voluntades. Todo este camino recorrido se caracteriza y configura por dos situaciones principales que se presentan constantemente en nuestro movimiento.
Usa es la participación de todos los trabajadores telefonistas en los momentos políticos del sindicato con una conciencia de clase verdadera y necesaria.
La otra, son las presiones a las que nos hemos visto sometidos por todos los medios y por todos los conductos; no sólo internos, sino además aquellos ajenos a nuestro sindicato. Presiones que son producto de los vicios tradicionales en los que se ha fincado la gran pauta de política en México.
Iniciándose nuestro movimiento hubimos de sortear todo tipo de amenazas y calumnias hechas por parte del comité desconocido y de la empresa, además de las fuertes advertencias del aparato institucional que obviamente oponía resistencia a un movimiento cuyas raíces desconocían, especulándose sobre el origen de éste. Para evitar lo primero, tuvimos que actuar con valor y decisión, pero para evitar lo segundo, que implicaba además nuestro reconocimiento y sobre todo, la no intervención de las organizaciones oficiales en nuestra lucha, tuvimos que ser muy claros ante las autoridades. Marcamos perfectamente nuestra posición, y llegamos a la mesa de negociaciones con el firme propósito de no ceder ante ninguna proposición que dañara la dignidad de nuestro sindicato ni la de los trabajadores. En honor a la verdad, nunca hubo una proposición de esta naturaleza y bastó que nosotros hiciéramos en ella con un proyecto realista y racional, para que las instituciones –por lo menos los hombres que han contribuido a la modernización de éstas- nos dejaran en libertad para decidir nuestro destino. Nuestro destino se confirmó en el referéndum ratificado hoy por el señor presidente de la república, quien manda un saludo a los convencionistas.
Por otro lado, la presión ejercida por todos aquellos a quienes la asamblea fue desconociendo, repudiando y aplicándoles la cláusula de exclusión, comenzó a darse en forma continua, y aún hoy, en algún local se celebran reuniones en donde se recurre a todo subterfugio ilegal para desprestigiarnos ante la opinión pública. La respuesta a estas presiones, ha sido tajante por parte de los trabajadores, pero que duda hay de que el esfuerzo y el tiempo que se gasta el responder esa forma de revanchismo podría ocuparse en trabajo de organización tan necesaria en estos momentos.
Por su parte, quienes han militado en el sindicalismo tradicionalmente opositor a la estructura charra o a lo simplemente ¿se encuentra en un proyecto de la izquierda irracional? Se ciegan a toda posibilidad de que nuestra lucha siga por el sendero de la racionalidad, sopesando las fuerzas y cuidando de caer en cualquier forma de terrorismo verbal o actitudes que pusieran en peligro el trabajo hasta ahora realizado.
Pero no sólo se ciegan, sino que exigen que nos enfrentemos abiertamente al sistema político imperante en el país, bien aliándonos incondicionalmente a las organizaciones de luchas radicales, bien renunciando al Congreso del Trabajo. De no ser así, sentencian: “Demostrarán que su movimiento sólo ha sido un cambio de personas”, es decir, que si nuestra política no está totalmente acorde con las disposiciones o tácticas de lucha de quienes están en la tarea independiente, entonces no somos dignos de este derecho histórico. Esta presión, más que desconsolarnos, nos duele máxime que encuentra aliados en compañeros nuestros que urden todo tipo de frases heroicas con el firme propósito que demuestra su convicción revolucionaria pero olvidando que el cambio social no se riñe con la estrategia y sobre todo que este cambio no debe ser un proyecto personal de autocomplacencia, sino un movimiento organizado de trabajadores, y en Teléfonos de México, señores, somos veintidós mil trabajadores dispuestos a la lucha organizada y no al suicidio como estuvo a punto de ocurrir a merced a las presiones de los revanchistas, los errores de nuestra adolescencia política y la irreflexión de nuestra emotividad.
Por eso hoy, en este recinto, reiteramos nuestro firme propósito de solidaridad con los trabajadores, apoyando todo acto que aspire a la dignidad y a la vez confirmamos que aquí en nuestro sindicato la reflexión, la racionalidad y la realidad a nuestros compañeros deben ser nuestra norma de conducta en esta convención y en la vida del S.T.R.M.
Gracias.
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Los 80’s fueron años de consolidación de un proyecto sindical. Se consiguieron conquistas sindicales importantes en el contrato colectivo, tales como la reducción de la edad de jubilación, el mejoramiento en el fondo de ahorro, entre otras cuestiones administrativas como préstamos a los trabajadores y el aumento en días de vacaciones. Además de consolidar la jornada de 40 horas con pago de 56
Eran años importantes para el gremio de los telefonistas. Era un privilegio trabajar en esta empresa y pertenecer a este sindicato pues, a pesar de las crisis económicas que habían dejado al país en una ruina descomunal y la implementación de políticas neoliberales que tenían endeudada a la población para que los grandes capitales no perdieran inversiones, los telefonistas mantenían algo que todo trabajador deseaba: estabilidad laboral.
El 19 de septiembre de 1985 marcó un parteaguas en la vida de la hoy Ciudad de México. Se vivió una de las más grandes catástrofes naturales. El sismo de ese día no solamente dejó en el desamparo a miles de personas, sino que desnudó la corrupción de un gobierno gris encabezado por Miguel de la Madrid Hurtado. Decenas de edificaciones se desplomaron en cuestión de segundos. El olor a muerte, ese aroma agrio y desolador que es acompañado de llantos y gritos silenciosos, envolvía el aire polvoso de esa mañana en la capital de la República Mexicana.
Todos estaban sorprendidos por el tamaño del desastre. Algunos programas de radio y televisión terminaron ese día, pues sus conductores se quedaron en su lugar de trabajo para transmitir calma a las audiencias. El silencio llenó las bocinas de los radiorreceptores, la nieve y las barras de colores se apoderaron de los televisores. También los teléfonos estaban en silencio. Se habían desplomado los edificios del Centro Telefónico San Juan y de la Central Victoria, en el Centro del Distrito Federal. Muchas y muchos trabajadores quedaron atrapados entre los escombros.
Narra Rafael Marino que él y Francisco Hernández Juárez se vieron en el recinto sindical. Los trabajadores del sindicato comenzaron a verificar el edificio y, entonces, se dieron por enterados de lo que había ocurrido en los edificios de Teléfonos de México. Decidieron dirigirse hacia allá. Llegaron primero a la Central Victoria y el panorama no era nada halagüeño. “Francisco se quitó la chamarra y se metió entre los escombros” –narra Marino sobre el hecho de que Hernández Juárez se introdujo en el edificio para ayudar a sus compañeros. - “Cuando pude ingresar al edificio, lo primero que vi fue a dos compañeros muertos en lo que sería la recepción. Tuvimos que dar la vuelta a la manzana, porque no había modo de ingresar, así que lo hicimos por una vecindad que estaba junto a la central”. Ese día Hernández Juárez sacó del edificio en ruinas a dos trabajadores que quedaron atrapados en los bastidores de la central. Nos contó en entrevista que vio más cuerpos según se adentraba en los escombros. En el Centro Telefónico San Juan, donde trabajaban más de dos mil operadoras, se derrumbó uno de los edificios nuevos. Sin embargo, la pérdida de vidas no fue tan alta como en la Central Victoria.
Este sismo no solamente evidenció la falta de verificación del gobierno a las construcciones en la capital, sino que dejó al descubierto la falta de inversión en Teléfonos de México. Para 1972 apenas existían un millón de líneas telefónicas en México. El rezago era evidente y el gobierno se negaba a generar la inversión necesaria para que el país se pudiera comunicar mejor. Es en este momento, en medio de la tragedia y con miras neoliberales que se piensa seriamente en la venta de Teléfonos de México a capital privado.
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1988 fue un año de sinsabores. Parecía que el régimen del PRI terminaba y que, con la salida del partido de Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano, hijo del mítico General Lázaro Cárdenas, su caída era inminente.
En este año se gestó un fraude electoral escandaloso. Durante la jornada electoral se “cayó el sistema”. El PRI se mantuvo en el poder en un sexenio que dio paso a la institucionalización del neoliberalismo en nuestro país. Bajo el liderazgo de Carlos Salinas de Gortari, quien venía de ejercer el poder en la super Secretaría de Programación y Presupuesto, se daría una transformación del estado mexicano. Se pondría en marcha lo que venía ocurriendo desde 1982 en naciones como Inglaterra con Margaret Tatcher y en Estados Unidos con Ronald Regan. Esto era, la privatización de los servicios básicos.
El estado pretendía reducirse pues, al parecer, la administración gubernamental es ineficiente al momento de administrar empresas paraestatales. Las grandes pérdidas y devaluaciones no eran adjudicadas a la corrupción de los funcionarios públicos y su inexplicable y repentina riqueza, sino que, se le atribuían a la mala administración de la riqueza acumulada en las poderosas empresas que administraba el estado.
Según el propio expresidente Salinas, “el estado pasó de ser grande a ser fuerte”, pues con la venta de Telmex se logró alcanzar una estabilización de la economía mexicana que venía de sufrir un déficit el PIB superior al 15 por ciento. Esto derivado de la crisis económica que de 1982, durante la transición del poder entre José López Portillo y Miguel de la Madrid. Además, se aseguraba una buena relación en plano internacional, pues salinas estaba consciente de que seguir las indicaciones del Banco Mundial, después de un impago de la deuda externa de parte de México, era lo mejor y la privatización de empresas y bancos era lo que esperaba la comunidad internacional de este egresado de Harvard.
En el mundo, la privatización era lo de moda. Inglaterra, Italia y España ya habían privatizado sus empresas de telecomunicaciones para 1984. Tuvieron resultados exitosos en materia económica, pero fueron definitivamente trágicos para la clase trabajadora, pues los despidos en masa eran, lo más común en este tipo de operaciones.
Las condiciones siempre son impuestas por el mercado, “no hay alternativa” decía la dama de hierro desde su residencia en Londres. Así se dictó la nueva política neoliberal que tanta desigualdad ha generado alrededor del planeta. No importan las condiciones de infraestructura, políticas, sociales o económicas con las que contara cualquier nación tercermundista, la cuestión era llevarnos a todos al “desarrollo y modernidad” neocolonial que se imponía desde Washington y Londres. Seguía vigente la lucha contra el comunismo, de hecho, esta batalla rebasaba por mucho a la que se daría más tarde contra el narcotráfico, pero en ese momento, lo importante era establecer las reglas ideológicas y económicas necesarias para terminar con esa gran amenaza mundial que representaban las ideas de Marx encarnadas en Rusia y Cuba.
En septiembre de 1989 se anunciaba la venta de Teléfonos de México. Para ese entonces, la empresa representaba un costo de doscientos siente millones de dólares y llegó a subir hasta los tres mil trescientos millones de dólares después del anuncio. Varios inversionistas mostraron su interés. Pareciera que todos estaban enterados de lo que representaban las telecomunicaciones en un futuro muy cercano, excepto el gobierno. Se dice que el ganador, Carlos Slim de Grupo CARSO, pagó (en bonos) ocho mil seiscientos quince millones de dólares.
Aquí es donde el sindicato que encabeza Hernández Juárez debía tener un acto de astucia para intervenir en este complicado e inevitable proceso de privatización.
Ya para 89 con el nuevo gobierno, el secretario de Hacienda, el de Comunicaciones y el director de la empresa, no tenía muy buena intención con el sindicato, porque se había generado un ambiente en el que aparecíamos en la PROFECO como primer lugar como la empresa que más quejas recibía, y que, menos capacidad de respuesta parecía tener. Entonces, el director dijo que el problema era el Contrato Colectivo de los Telefonistas. Aspe y Lombardo, de Hacienda y Comunicaciones respectivamente, le hicieron el juego al director, sobre el mal servicio que daba la empresa. El ambiente se puso complicado, tanto que, todo estaba orientado a que la empresa se pusiera feliz de que las cosas se pusieran en contra nuestra y que las cosas se fueran en contra de nuestro Contrato Colectivo.
El secretario general del sindicato tuvo la oportunidad de hablar con el presidente Salinas y le aclaró que, ninguna de las cláusulas tenía que ver con la calidad del servicio que daba la empresa. “Pero, entre la palabra de los secretarios de Hacienda, de Comunicaciones y del director de la empresa y la nuestra, pues usted va a esta evaluando hacia dónde se van las cosas, entonces yo le voy a ofrecer una cosa”, dice Francisco Hernández Juárez: “le voy a pedir a mis compañeros la autorización de que chequemos una por una las cláusulas del contrato y si hay alguna que dañe el desarrollo de la empresa, no vamos a tener inconveniente en cambiarla o modificarla. Pero si no, que quede claro y establecido que son otras las causas de las fallas de la empresa, tales como la falta de tecnología y que no se le invierte lo suficiente”. El resultado después de 4 meses de esta revisión salió a favor del sindicato. Hernández Juárez tenía claro que así iba a ser y por ello, apostó en este sentido para salvaguardar la estabilidad del empleo de los trabajadores sindicalizado.
Sin embargo, la decisión de privatizar la paraestatal ya estaba tomada y el presidente, así se lo hizo saber al líder de los telefonistas.
El S.T.R.M. planteó sus propuestas al presidente, quien no se mostró en desacuerdo. Quien si lo hizo fue su secretario de Hacienda y Crédito Público, Pedro Aspe quien siempre trató de evitar la participación de los trabajadores en el proceso.
Los negocios suelen ser cosa de quien sabe hacerlos, los trabajadores solamente venden su fuerza de trabajo y, aunque es necesaria para el proceso productivo y generación de riqueza, no es muy probable que los empresarios, inversionistas y aspirantes a magnates vean con buenos que la clase trabajadora intervenga en este tipo de asuntos, que requieren de sangre fría y ganas de ganar mucho dinero a costa de otros.
Le dije al presidente: “si algo de la pérdida de teléfonos es por culpa de los trabajadores, los aceptamos y si no, pues queremos proponer una serie de condiciones, principalmente, la estabilidad laboral”, Esto era la premisa con la que el Secretario General del S.T.R.M. se presentó para las largas negociaciones que el sindicato mantuvo con el gobierno durante la venta de la empresa. Los trabajadores consiguieron demostrar que las causas de las pérdidas no eran responsabilidad de ellos, por lo que, se logró impulsar una serie de condiciones que quedaron plasmadas en el título de concesión que le fue otorgado a Grupo CARSO, en diciembre de 1990. No hubo un solo despido y los sindicalizados recibieron acciones de la venta de Telmex, empresa que para el año 2000, era considerada la mejor empresa de telecomunicaciones a nivel mundial según la revista Forbes.
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Es curioso cómo evoluciona el mundo y más por la manera en que nos comunicamos. La manera en que las personas se enviaban cartas o simplemente tenían que viajar miles de kilómetros para encontrarse. Hay una gran variedad de historias de amor que se dieron por medio de cartas, sin tener un contacto directo, sin verse el uno al otro de frente, cara a cara a los ojos, sino que por los ojos se abría la puerta del amor por medio de las palabras seductoras que se plasmaban sobre el papel. Hoy, es suficiente con enviarnos un texto que podemos leer con una loca inmediatez en nuestros dispositivos móviles ya ni siquiera hablamos. Para algunos, es muy tedioso mantener una conversación por medio de la bocina, mejor mantener una relación impersonal por medio de WhatsApp.
No tengo claro, pero tampoco se duda que Carlos Slim tuviera un vistazo del futuro. Ciertamente, Telmex tenía muchos rezagos tecnológicos y de infraestructura, por lo que, en las exigencias del sindicato plasmadas en el título de concesión, estaba la de invertir diez mil millones de dólares en 10 años, con la intención de transformar las telecomunicaciones en el país, propuesta que hasta la fecha se la atribuye el dueño de CARSO. Pero no fue así.
La evolución tecnológica es tan inevitable como la evolución de un virus. El sindicato presionó a la nueva administración por capacidad y la creación de un programa de productividad que incentivara a los trabajadores a generar mejores resultados, en el que ellos también pudieran ver los frutos de esta expansión.
Para 1995 el senado crea la Ley Federal de Telecomunicaciones y comienza una nueva historia, pues se abre el mercado mexicano a la libre competencia. Se da la entrada a gigantes como AT&T, entre otras compañías que ofrecían llamadas de larga distancia a menor costo que Telmex. Mucha gente decidió cambiarse de compañía. Se denunciaba el alto costo de este servicio. Los trabajadores telefonistas salieron a las calles para buscar a los clientes, tratar de convencerlos de que no se cambiaran de compañía de larga distancia, que para ese momento era el servicio que más utilidades le dejaba a la empresa.
Poco después, llegaría el servicio que ha transformado al mundo, me refiero al internet. Si bien es cierto, el internet ya tenía servicio privado, el ponerlo a disponibilidad del público en general por medio de la línea telefónica fue trascendental para los operadores de telecomunicaciones a nivel global. Por Estados Unidos, parte la telefonía celular comenzaba a tener mayor penetración en el mercado cada vez, era más común ver gente con “su celular en la mano”. Para el año 2000, el mercado estaba destinado a ser digital y móvil.
Los trabajadores tenían frente a ellos un reto formidable, pues las condiciones de la realidad y las necesidades sociales en materia de telecomunicaciones se irían transformando radicalmente. Podemos hablar de revoluciones cuando se transforma la realidad cercana al individuo y el internet, transformó nuestras costumbres y forma de vivir. La digitalización ha sido el motor de la transformación en la vida humana. Últimamente, todo quien entro a la red de redes (la cercanía que este servicio tiene en nuestra vida cotidiana).
Durante la pandemia provocada por el SARs- Cov -2, la vida y la manera de comunicarnos se transformaron de la noche a la mañana. No sé si por un murciélago en china o por escape de este virus de un laboratorio estadounidense, pero los estragos a la cotidianidad de la humanidad aún siguen presentes. De cierta manera, se le atribuye al internet habernos salvado de la absoluta soledad o del quebranto económico más terrible en la historia. La robusta red de telecomunicaciones y los trabajadores del sector nos dieron la posibilidad de mantenernos activos y en contacto desde el encierro. Aunque no sé qué tan solos estábamos, sí estábamos con los nuestros.
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La misión de un sindicato no solamente es ver por los asuntos obrero-patronales o mantenerse en constantes negociaciones con la patronal. Un sindicato también asume la responsabilidad que el trabajador tiene para con su familia, debe velar porque el trabajador cuente con la capacidad suficiente de ejercer el trabajo para el que está contratado por medio de capacitación. Además, una organización así otorga las herramientas ideológicas para que los trabajadores tengan pertenencia e interés político por la realidad que los rodea.
El poder sindical es algo a lo que el capital le teme. Al capital no le gustan las organizaciones fuertes, que logre mantenerse por sí mismas y que no necesite del gobierno o de la empresa para mantenerse en pie de lucha cuando es necesario.
Las huelgas son la herramienta máxima con la que cuenta la clase trabajadora para defender sus derechos y, muchas veces son acto de vida o muerte en varios sentidos y no solamente de forma retorica. “-Cualquiera estalla una huelga, el secreto está en levantarla y conquistar lo que querías y por lo que la estallaste- “menciona Hernández Juárez en su oficina, desde donde puede verse el jardín del arte. Rodeado de alegorías al Quijote, un cuadro de Zapata en una pared al fondo a lado de un librero y que aparenta posarse sobre una mesa de juntas, detrás de él una bandera de México y atrás, un perchero que sostiene su clásica chamarra de piel.
En 2013 se legisla la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión. Hernández Juárez asiste a la Cámara de Senadores para expresar lo que los trabajadores piensan sobre esta legislación. La sesión presidida por Javier Lozano Alarcón, un legislador fiel al expresidente Felipe Calderón, señalado por la sociedad mexicana de llevar a México a uno de sus periodos más sangrientos, “la guerra contra el narco”. En ese momento, estaba con el bando que llevo a Enrique Peña Nieto a Los Pinos.
Además, Lozano es un tipo grosero, de rasgos torpes, muy parecido al expresidente Diaz Ordaz. Curiosamente, ambos son oriundos del estado de Puebla. Hay un intercambio fuerte entre el dirigente sindical y el senador, se ve que él ya tiene clara la idea de hacia dónde debe de dirigirse la reforma al artículo 28 constitucional, tal vez ya tiene instrucciones precisas para este momento, Hernández Juárez deja la sala de plenos. La próxima batalla del gremio telefonista ya estaba definida.
La reforma de telecomunicaciones y radiodifusión de 2013, abrió la puerta a las empresas extranjeras de par en par. No puso restricciones, por el contrario, les ofertó el patrimonio nacional casi gratuitamente. Además, la entonces televisora más poderosa, Televisa, tiene a sus pies la posibilidad de expandirse y apropiarse del sector de las telecomunicaciones y la televisión de paga.
Los empresarios que no habían de consolidar su poder en este sector por la hegemonía de América Móvil de Carlos Slim, se frotaban las manos, pues el mercado estaba a sus pies, gracias a los legisladores afines al régimen Peña Nieto, sin embargo, el tema para el STRM era la estabilidad laboral de sus agremiados, pues todo indicaba que el golpe era directo a Telmex, más que para la poderosa Telcel.
Para 2014, con la creación del órgano constitucional autónomo, denominado Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), se le imponen a América Móvil una serie de reglas asimétricas que le impiden competir en igualdad en el sector. Le obligan a compartir su infraestructura de forma gratuita con el resto de los operadore, le quitan la larga distancia, servicio que podría ser revelado gradualmente por aplicaciones digitales como WhatsApp, pero lo hacen de golpe y porrazo. No le permitieron participar en el mercado de televisión de paga, pues ya era de Televisa entre, entre otras determinaciones que provocarían una palpable baja en los ingresos de Telmex.
Lo que se castigaba era el tamaño del holdit, no su falta de servicios o inversión, sino que por ser grande debía ser sancionada. Esto derivo en que la empresa al verse imponente ante una ley que le hicieron la medida volteo hacia con el sindicato y lo culpo de sus pérdidas por el costo del contrato colectivo de trabajo, especialmente por la cláusula 149 referente a jubilaciones.
En enero de 2017 IFT anunció una determinación fulminante o, al menos, pretendía eso. Se define por parte del instituto una medida calificada como extrema de parte de especialistas en la materia de competencia económica. Esta era la separación funcional de la empresa. La medida consiste en que parte de la operación de Telmex, debe ser administrada por una compañía independiente, definida como última milla. Todos los accesos a la red e infraestructura se encuentren en libre concurrencia par los demás operadores y no exista discriminación al momento de solicitar dicha interconexión. Lo primero que se quería, era dividir también al personal sindicalizado, que no se pudiera tener contacto entre trabajadores y que las especialidades laborales se fueran a la empresa que correspondiera con sus labores.
Para 2018, la llegada del presidente Lopez Obrador cambio todo el panorama. La visión estatista del presidente, llevo a reconsiderar muchos aspectos que estaban en juego ante la falta de consenso entre la empresa Telmex y el STRM, ambos llevaban bastante tiempo con problemas en las negociaciones, derivado de las reglas asimétricas impuestas por el IFT. Para el sindicato era como encontrarse en un ring con dos rivales en contra.
El gobierno de Lopez Obrador impulsó un diálogo entre las partes en la Secretaría de Gobernación, que en ese entonces estaban al mando de la ministra Olga Sanchez Cordero. Las negociaciones fueron ríspidas. Sin embargo, a pesar de que se ejecutó la separación contable y no funcional, los trabajadores no perdieron sus derechos, ni su contrato colectivo.
En este inter se legislo la reforma constitucional en materia de justica laboral y fue decretada el 1° de mayo de 2019. Hernández Juárez fue el orador de parte del movimiento obrero en Palacio Nacional durante el primer día de trabajo del presidente López Obrador. las cosas cambiaron para bien para los sindicatos, aunque no se había dejado de lado la nueva relación laboral con la administración de Telmex, que cada día se desgastaba más ante las condiciones tan desfavorables que la empresa veía para sus intereses.
Desde 2017 en STRM ya había interpuesto su emplazamiento a huelga por violaciones al contrato colectivo. La intención era detener las sanciones impuestas por el IFT a la empresa Telmex, pues estaban violando los derechos laborales de los trabajadores sindicalizados. Esto dio como resultado que el STRM viera resguardado el contrato colectivo. Pero, si algo distingue al dueño de Carso, es su capacidad de encontrar oportunidades a su favor en medio de la tormenta. De hecho, el se ha formado gracia a las tormentas. Estas le dan oportunidades de comprar barato y vender caro. No se ha hecho rico por firmar cheques.
La revisión salarial de 2021 tuvo que ser resuelta por medio de la intervención de la Secretaría Del Trabajo, bajo el mando de Luisa María Alcalde. Las cosas se complicaron de más, sin necesidad alguna. Para 2022 las cosas no se veían nada bien. De hecho, todo empeoró. Narra Francisco Hernández Juárez, que, en una videoconferencia que mantuvo con el ingeniero Carlos Slim, la conversación subió de tono, al punto que, el empresario aseguró que, si él se radicalizaba para defender la jubilación, él se radicalizaría más para ver por su empresa.
En el marco de la revisión contractual 2022-2024, se dio un acontecimiento que no sucedía desde1985. El Sindicato De Telefonistas anunciaba la huelga, con el fin de defender la jubilación de los trabajadores de nuevo ingreso, ya que la empresa debía más de 1,900 vacantes nuevas, entre otras prestaciones. Sin embargo, para el gremio telefonista, la prestación de la jubilación es la más importante del contrato colectivo.
Durante el mes de julio, la empresa generó más actitudes de represión y amedrentamiento en contra de los trabajadores. Se hacen amenazas de despidos. Se llevaron a cabo mítines a nivel nacional a las afueras de los edificios y centros de trabajo de Telmex a modo de presión sindical y para responder las actitudes beligerantes de los funcionarios y trabajadores de confianza en contra de los trabajadores sindicalizados. En el edificio de Parque Vía, los elevadores dejan de funcionar para los trabajadores. Es un edificio de 14 pisos, muy amplio y dejar inmóviles los elevadores es una manera de amedrentar.
Ya estábamos en el absurdo de la confrontación.
Poco antes del 21 de julio, la empresa envió cartas en los sobres donde venían los volantes de pago de los trabajadores, amedrentando, diciendo que el servicio no se iba a interrumpir, que ellos tenían la razón. La respuesta de STRM fue realizar un mitin a las afueras de la dirección y quemar las cartas en grandes tambos.
El jueves 21 de julio de 2022, del STRM estalló la huelga por primera vez desde que Grupo CARSO llegó a la dirección de Teléfonos de México. Las puertas del edificio de la dirección de Telmex en Parque Vía 190, se abren se par en par, los trabajadores salen como una poderosa corriente de un río desbocado. La sensación que invadía el ambiente era fenomenal, electrizante, como si los viejos compañeros trabajadores estuvieran ahí presentes, rodeándonos, abrazándonos, observando y gritando al unisonó la consigna “¡Viva la huelga!” se llena la calle, esto se replica en todo el país. Las banderas rojinegras se colocaron en las puertas de la empresa y se sellaron las entradas.
Los trabajadores se confianza salen descontentos, se sienten provocadores, clásicos reventadores de huelga. Muchos resisten a abandonar el edificio. Los más beligerantes son los que trabajan en el departamento de jurídico de la empresa. Se comportan como si fueran ministerio público de los años 80. Empujan, buscan pleito insultan. Todo, con instrucciones precisas.
Se hace visible, palpable, hasta se puede oler la lucha de clases tan vigente como siempre, aunque los académicos de derechas intenten invisibilizar la lucha de los trabajadores organizados en sindicatos.
Poco menos de 24 horas después y con la intervención de presidente López Obrador, se levanta la huelga con la seguridad de que no iba a desaparecer la cláusula 149 para ningún trabajador, jubilado, activo o por entrar.
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La lucha de los sindicatos es desconocida para la mayor parte de la población. De hecho, siempre contamos con algún tabloide o medio despuesto a denunciar prácticas de corrupción en los sindicatos. Los personajes favoritos d ellos medios tradicionales para representar al sindicalismo en nuestro país son Fidel Velázquez, la “Güera” Rodríguez Alcaine, Romero de Champs, “La Maestra” Elba Esther Gordillo, entre otros dirigentes que se han hecho celebres por sus andanzas en la política y el ideario popular de estas constantes narraciones.
Lo curioso de los medios, es que no mencionan las luchas que enfrenta la clase trabajadora día con día. Pareciera que las conquistas laborales de la clase trabajadora se dan por generación espontánea o, en su defecto, por el “favor del gobierno en turno”, que logra entender la necesidad que la clase trabajadora tiene de justicia y condiciones laborales que favorezcan a su familia.
Los medios de comunicación tradicionales no dejan de ser empresas. En un hecho que los periodistas, aunque es uno de los trabajadores con mayor preparación académica, se encuentran entre los gremios laborales con peores condiciones laborales.
Cuando estaba en la facultad, tenía un compañero que trabajaba para el diario Milenio en Guadalajara. A pesar de estar estudiando su segunda carrera, no tenía buenas prestaciones y mucho de lo que lograba, lo agradecía a “los sobres” que le hacían llegar. Cuando cubría la fuente de seguridad, el ejercito le daba transporte al lugar de los hechos y lo invitaba a comer. Esto era lo más relevante. Con mucho esfuerzo se había comprado un IPad para agilizar la redacción de sus notar y entregarlas a su editor. El iPad la compró él, no el periódico.
El reportero de a pie hace mucho “para ganarse la chuleta”. No tiene un margen de maniobra amplio para cambiar su condición económica de forma más rápida. Los empresarios de la comunicación se saben poderosos y piensan que les hacen un favor a los periodistas al publicar su nota.
En alguna ocasión por ahí del 2013, cuando estaba en el vehículo de la empresa en dirección hacia un domicilio, escuchaba la radio por medio de mis audífonos. La estación Imagen, en era FM. Se estaba transmitiendo el programa que conduce la periodista Fernanda Familiar y me llamó mucho la atención lo que narraba, pus se quejaba amargamente de la actitud de una joven que se había acercado a ella para buscar trabajo como periodista en su revista. ¿Cómo ves? Le comentaba su interlocutor Gonzalo Oliveros – “Se me acercó una chica que quería trabajar conmigo en la revista y preguntaba que cuánto se le iba a pagar… ¡cuando empiezas a trabajar no se te paga, lo haces para ver si la haces ¡- Su enojo era porque la aspirante a periodista quería cobrar por su trabajo.
Los medios en México son las empresas con más tendencia a precarizar el trabajo. Son raros los sindicatos de periodistas, de hecho, yo solo conocía dos y me parece que ya no existen. Uno era el Sitrajor, de los trabajadores del periódico La Jornada y otro era el Sut Notimex, que desapareció con la agencia de noticias del Estado Mexicano.
El primer caso es muy suigéneris, ya que, cuando La Jornada se formaba, el STRM o apoyó al punto en que invirtió en la creación del periódico y por mucho tiempo, fue el único diario que abordaba temas del ámbito laboral. Todo cambio en junio de 2017, cuando los trabajadores de este diario estallaron la huelga por violaciones al contrato colectivo. Por solidaridad sindica, los telefonistas apoyaron esa huelga. Pocos días después, la huelga fue declarada ilegal por la Junta de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México y los lídere sindicales fueron despedidos. Hasta la fecha, no hay relación entre el STRM y La Jornada, pero, sus articulaciones y notas son incisivas y sin equilibrio periodístico en contra la líder telefonistas Francisco Hernández Juárez.
Durante el largo conflicto entre Sut Notimex y Notimex, el apoyo y solidaridad de las organizaciones afiliadas a la Unión Nacional de Trabajadores, fue contundente a favor de los trabajadores de la Agencia de Noticias del Estado Mexicano. Sin embargo, la dirección no se dio por entendida de lo que es el apoyo entre organizaciones y trabajadores. Nunca comprendió que la conciencia de la clase trabajadora va más allá de intereses económicos o políticos. Las escaramuzas textuales en medios como La Jornada o en redes sociales fue feroz en contra del STRM y en especial de su líder. Aún en tiempos de la llamada 4T, los comunicadores con intereses salen de entre las cloacas más profundas el tradicional que Kapuscinki diera a conocer en aquella conferencia en Italia que terminaría siendo un libro: “los sínicos no sirven para este oficio”.
La relación entre los medios y el sindicalismo es complicada. Por un lado, los medios tradicionales asumen sus posturas más conservadoras y defienden la visión empresarial ante cualquier situación. Por otro lado, los medios digitales muchas veces actúan bajo consigna, por lo que los sindicatos deben asumir lo mismo que la izquierda y es que, es necesario que cada cual construya su modelo de comunicación eficiente y logre conectar con la sociedad. De otra manera, quedan varados al viento que sople en las redacciones, dependiendo los intereses que se vean afectados en la publicidad.
Durante el estallamiento de la huelga de 2022, los medios mostraron poco de afinidad y empatía, ya que se estaba viendo la batalla de David contra Goliat. Era evidente la lucha de clases en este movimiento histórico, pues los telefonistas eran capaces de enfrentar al hombre más poderoso y rico del país y de toda MÉRICA Latina. Los trabajadores demostraron su defensa a ultranza de su contrato colectivo y todos los medios asumieron la publicación en primera plana o en las notas más relevantes el estallamiento de huelga del gremio telefonista encabezado por Hernández Juárez.
El secretario general ofreció una breve declaración en el auditorio del sindicato el 22 de julio de 2022, al anunciarse el levantamiento de la huelga. Se recargó plácidamente, demostrando que descansaba después de momentos tensos y complicados. Asumió su papel ante los reporteros y compartió los acuerdos alcanzados con la intervención de la autoridad laboral. Ese día no hubo críticas incisivas de parte de nadie, solamente la oposición sindical, que no terminaba de entender que el contrato se defendió, se mantuvo y se ganó.
Hay de todo en este ámbito. Los medios siempre van a querer tener la exclusiva, van a buscar la nota que les dé visualizaciones en redes sociales, en sus sitios web o, en su defecto, que venda más periódicos. No es malo, ni bueno, simplemente es la labor que les toca asumir en un entorno social y político. Los dueños y empresarios de la comunicación siempre van a velar por sus intereses, como buenos capitalistas, no les interesa entender al sindicalismo, mucho menos enarbolarlo. No les vaya a dar ideas a los reporteros y se decidan por fin a organizarse y defender sus derechos laborales.
La vida interna de los sindicatos es un gran misterio para la mayoría, aunque tampoco hay muchos curiosos que se acerquen a verificarla u observarla. Es un fenómeno político que no causa mucho interés. De hecho, se da por sentado que se trata de imposiciones lanzadas desde una silla en una edificación fortificada, tal cual se tratara de Los Pinos en sus tiempos de poder o de Palacio Nacional, pero la cosa es muy distinta.
Las condiciones políticas que la clase trabajadora debe enfrentar son complicadas. Generalmente, se tiene que estar remando contracorriente. No es sencillo que los trabajadores se encuentren convencidos de un proyecto político sindical, es un trabajo verdaderamente arduo y muy significativo que debe darle sentido a una lucha que muchas veces no da resultados inmediatos y se contrapone a esta cultura del “fast food”, de la inmediatez de las redes sociales, pues las condiciones se complican conforme se avance en el trabajo político que debe realizarse, la necesidad de la cercanía que se debe mantener con las y los trabajadores para atenderles, escucharles y ayudarles a solucionar sus demandas y necesidades.
“Si no quieres equivocarte, estando al frente de una organización, debes preguntarles a los trabajadores sobre las decisiones que tomas”. Esto lo dice Francisco Hernández Juárez en el marco de la Asamblea Nacional, en el marco de la revisión contractual 2024-2028. La democracia es fundamental para mantenerse al frente de una organización sindical de las características con las que cuenta el STRM. La estructura sindical se basa en las consultas que se realizan con regularidad, por medio del voto personal, libre, directo y secreto. Nunca más se podrá dar una firma de revisión contractual a espaldas de los trabajadores, tal como lo intentó Salustio Salgado en abril de 1976, aspecto por el cual fue desconocido por los trabajadores como su representante.
La conformación de un Comité Ejecutivo Nacional y Comité Nacional de Vigilancia es un proceso bastante complejo. Se compone de una consulta nacional para preguntarle a los trabajadores si quieren que Francisco Hernández Juárez participe en la elección que ocurrió en noviembre de 2023. En segunda instancia, en el mes de febrero de 2024, llevaron a cabo campañas en todas las secciones foráneas y en los centros de trabajo y especialidades de la sección matriz, para elegir a los precandidatos que conformarían la planilla verde. Una vez conformada la planilla, se hace la elección general en lulio. En este caso, se ejercieron más de 36 mil sufragios.
En este periodo electoral, se dio una controversia que trascendió a la organización y es que, como en cualquier ámbito político, existe la oposición y, en el caso del STRM, es muy reducida. De hecho, este fenómeno político al interior del STRM ya había sido señalado por Enrique de la Garza en el año 2000, cuando publicó un libro editado por la UAM al respecto de la democracia sindical del STRM. Ahí, señala que la disidencia asumía un fraude en su contra en aquella elección; sin embargo, en su estudio y observación, no detectó nada que se le pareciera. Vale la pena mencionar que De La Garza no era partidario o simpatizante de Hernández Juárez, todo lo contrario. Pero reconocía la capacidad política y estructural de líder telefonista, al punto que asume que la oposición es muy poca y en lugar de crecer, sus miembros se han ido jubilando, por lo que no significan mayor competencia electoral para el proyecto político-sindical que encabeza Francisco Hernández Juárez.
Durante este proceso electoral la oposición buscó el apoyo en personales políticos como el diputado Gerardo Fernández Noroña, actual senador electo por mayoría relativa, pero no encontraron apoyo al interior del sindicato, ni siquiera lo buscaron. Intentaron conformar una planilla, la roja. Sin embargo, no lograron aglutinar a un grupo con 35 compañeros activos. Por el contrario, la mayoría eran compañera y compañeros jubilados que, por estatuto, no pudieron registrar su planilla. Por ello, por lo que al ser derrotados antes de confrontar su proyecto con el de Hernández Juárez en las urnas, buscaron el litigio mediático, espacio en el que cambiaron su versión más de una vez. Dieron por entendido que no cuentan con un proyecto político, más allá de que quieren quitar a Francisco Hernández Juárez de la secretaria general, como diría el presidente López Obrador, querían que se aplicara el “quítate tú para ponerme yo”.
Debido a la coyuntura, algunos medios le entraron al juego. En sin embargo.mx, se le realizó una entrevista muy dura al líder del STRM, en la que más que otra cosa, se le cuestionó por su temporalidad al frente del sindicato, a lo que él asumió que, si era bastante tiempo, pero los trabajadores le piden que permanezca ahí. La pregunta correcta sería: ¿Por qué telefonistas siguen vitando por Francisco Hernández Juárez?
La transformación del Sindicato de Telefonistas fue un proceso complejo, por ello, es que la estructura mantiene ese dinamismo. A partir de 1982, la dirección sindical encabezada por Hernández Juárez entendió que era necesario llegar a la base de manera más directa, ya que antes solamente se realizaban asambleas con los trabajadores de la sección matriz. Se imagina uste, querida lectora, lector querido, ¿una asamblea con más de 10 mil personas? Pues así era la toma de decisiones, por lo que la disidencia nombraba a más de 100 oradores, esto, por supuesto desesperaba a la mayoría y las decisiones importantes se tomaban a altas horas de la madrugada con muy poca asistencia. Por esto, se contribuyó un sistema que acercara las asambleas a los centros de trabajo, así como a las secciones foráneas. Una vez votadas y tomadas las propuestas de los trabajadores, se realizaba una asamblea nacional a la que asistían representantes de todo el país para votar las acciones y decisiones que la estructura sindical y su dirigencia ejecutarían. Hasta la fecha, así es como se ejerce la democracia al interior del STRM con la participación de los trabajadores.
La vida al interior del sindicato es un asunto que no genera curiosidad a los medios o periodistas. Prejuzgan, suponen o asumen que se decide desde la cúpula. Quizá es porque pensar así vende más y es más barato que realizar una investigación a fondo de la realidad en la organización de la clase trabajadora sindicalizada.
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El pasado mes de julio se vivió una intensa jornada electoral al interior del Sindicato de Telefonistas. A pesar de que solamente participó una planilla, la campaña en contra de esta fue amplia y contó con mucha difusión. A poco más de un mes y medio de la elección más grande en la historia de México, en la que resultó ganadora la Doctora Claudia Sheinbaum, el STRM hizo lo propio: convocó y realizó su elección para renovar su Comité Ejecutivo Nacional.
Las críticas incesantes por la temporalidad de Francisco Hernández Juárez al frente del gremio telefonista subieron de tono. Las acusaciones sin comprobación iracunda andanada en contra de un líder sindical no sorprende a nadie, mucho menos a un auditorio acostumbrado a esas narrativas en los medios de comunicación.
Los medios no tomaron en cuenta las grandes victorias y conquistas sindicales para emitir sus opiniones pues la democracia es una bandera que suele ser usada, dependiendo la posición desde donde la mires. No importa que los trabajadores decidan continuar por el camino que les ha dado estabilidad y la capacidad de mantener su contrato colectivo en condiciones positivas para sus intereses, no importa si al patrón que tienen que enfrentar los trabajares es el más rico y poderoso de todo América Latina, no importa si las negociaciones colectivas se hacen en igualdad de condiciones ante la patronal.
Es obvio que los medios saben que solamente el 10 por ciento de los trabajadores mexicanos pertenecen a un sindicato según datos revelados por el INAI en septiembre de 2023 para el portal Infobae. Esto se traduce en que el 90 por ciento de la fuerza laboral de nuestro país no tiene idea de lo que es pertenecer a una organización sindical. Además, los sindicatos patronales se han encargado de generar una narrativa de los aspectos dañinos del sindicalismo mexicano. Es mejor que los trabajadores tengan miedo a organizarse. En cambio, los patrones se organizan en sindicatos patronales como la Coparmex o el Consejo Coordinador Empresarial.
A pesar del litigio mediático promovido por una disidencia sin apoyo al interior del STRM y que seguramente cuenta con apoyo externo a la base trabajadora sindicalizada, Hernández Juárez logró que más de 36 mil trabajadores ejercieran su derecho al sufragio libre, personal y directo. Este resultado legitima la continuidad del líder.
“Este sindicato es muy apetitoso” le he escuchado decir al secretario general del STRM en diversos foros y en variadas ocasiones. Sin duda, cualquier expresión política con la potencia y proporciones con las que cuenta el Sindicato de Telefonistas es apetitosa para actores políticos con dinero, pero sin influencia o carisma, para enfrentar aventuras electorales propias de los tiempos tan interesantes como los que vivimos.
La clase trabajadoras es potente por naturaleza y es que, si tomamos en cuenta la definición que Franco (Bifo) Berardi propone en su libro Futurabilidad que, “Potencia es la energía que transforma posibilidades en realidades”, nos queda claro que los trabajadores organizados pueden superar cualquier reto.
Las condiciones laborales que actualmente enfrenta la clase trabajadora en México son el reflejo de un espasmo, pues lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer. Aun y con una ambiciosa reforma en justicia laboral y la supuesta eliminación de la subcontratación (outsourcing), se siguen implementando practicas violatorias a los derechos fundamentales de los trabajadores. Se continúa precarizando el empleo y siguen existiendo sindicatos blancos que usan a los trabajadores como moneda de cambio. O, peor, aún hay empresarios disfrazados de sindicalistas que usan su fachada para realizar negocios turbios en medio de un proceso de cambio que no ha terminado de permear en los sótanos de las bajas y oscuras costumbres de la clase empresarial. Los sindicatos independientes y democráticos siguen siendo una necesidad social.
El materialismo histórico puede revelarse en las luchas de la clase trabajadora. Estas luchas son la dialéctica implementad, tal como se ha venido desenvolviendo al pasar de los años y con la construcción de la unidad de los trabajadores en sus organizaciones sindicales auténticas. La dignidad se convierte en un muro de contención y más cuando se deben enfrentar oligarquías enquistadas en el poder político al que les permite acceso el poder económico.
La consolidación de una visión conjunta se convierte en un largo camino que podemos observar con tranquilidad y reflexionar sobre él. A mismo tiempo, después de haber tomado decisiones erróneas, se puede asumir las consecuencias positivas de las conquistas más relevantes para la vida personal e íntima de cada trabajador. La intencionalidad del proyecto sindical de los telefonistas va más allá de las negociaciones obrero-patronales, pretende reflejarse en el diario acontecer de la vida de sus agremiados.
Desde abril de 1976 no ha existido algo como la calma al interior del STRM. Se han enfrenado diversas problemáticas que han dado como resultado ser parte de la historia del movimiento obrero de este país. Se reconocer los esfuerzos en los estallamientos de huelgas que buscan justicia mejores condiciones. Sin duda, esa alegría que lo invade a uno en medio del bullicio y la unidad, de la incertidumbre y el miedo, de la emoción y la euforia que te traga cuando las banderas rojinegras inundan el horizonte que anteriormente eran las puertas de la empresa del hombre más poderoso y rico de América Latina. Es un sentimiento indescriptible, más aún cuando la unidad se refleja en nuevas conquistas. Esto es una muestra para el mundo que, organizados, los trabajadores son imparables. Demuestra también que la riqueza se produce a partir del trabajo y le recuerdan a la patronal la gran necesidad que tiene de la fuerza de trabajo que mueve al mundo, por lo que las negociaciones se reanudan y los trabajadores conquistan la dignidad. La clase trabajadora es esa potencia que transforma posibilidades en realidades y el Sindicato de Telefonistas ha sabido explotar esa potencia.
Sin duda, será tarea de los telefonistas defender su sindicato. El próximo 1° de octubre inicia u nuevo Comité Ejecutivo Nacional de esta histórica organización y las condiciones van de la mano con el inicio de un nuevo gobierno bajo el mandato de la primera mujer presidenta de Norteamérica. Las hazañas de este Quijote sindicalista van a continuar por cuatro años más por lo que depende de los trabajadores mantener vigente esa potencia que caracteriza a su sindicato y esto solamente ese da con la participación democrática de todas y todos.
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